LOS REALEJOS

El municipio de Los Realejos está situado en el norte de Tenerife, a 41 kilómetros de la capital, Santa Cruz. Tiene una superficie de 57,5 km2 y 38.000 habitantes. Debe su nombre al asentamiento de los campamentos militares de los conquistadores y de los guanches durante las últimas fases de la conquista de Tenerife. El entorno natural de Los Realejos destaca por ser uno de los más privilegiados de la isla, ya que casi la mitad de su suelo está protegido por leyes medioambientales a nivel regional, nacional, europeo y mundial. Es una de las zonas mejor conservadas de la isla, con rincones ideales para el descanso y otros que harán las delicias de los más aventureros. Destacan el Parque Nacional del Teide, El Parque Natural de la Corona Forestal, los Paisajes Protegidos de Los Campeches, Tigaiga y Ruiz, y de la Rambla de Castro, el Monumento Natural de la Montaña de los Frailes y el Sitio de Interés Científico de Barranco Ruiz. Esta gran variedad de ecosistemas suponen toda clase de ventajas para quienes disfrutan de las actividades en la naturaleza.

Testigo de un pasado esplendoroso, los Realejos contó con un patrimonio histórico-artístico de notable importancia, fruto de su riqueza económica, del asentamiento de comerciantes y de la actuación de las órdenes religiosas y de la propia iglesia. En la actualidad aún conserva importantes vestigios históricos de notable interés arquitectónico, tanto en edificaciones religiosas como civiles. Entre los primeros destacan las iglesias de Santiago Apóstol (1496), de Nuestra Señora de la Concepción (1512) y otras pequeñas iglesias y ermitas de los siglos XVI y XVII. Sus haciendas, repartidas por toda la geografía realejera, constituyen el mejor ejemplo de Canarias de este tipo de edificaciones en el medio rural.

En la costa cuenta con las playas de El Socorro, muy popular entre los amantes del surf; Los Roques, Castro y La Fajana, entre otras. Los Realejos es un municipio muy interesante para los aficionados al parapente, que sobrevuelan su territorio desde la cumbre hasta aterrizar en la costa y disfrutan de su paisaje a vista de pájaro. Los miradores que salpican el paisaje realejero ofrecen unas panorámicas impresionantes de sus barrancos y laderas, así como del resto del norte de la isla.

En cuanto a la gastronomía realejera, conocidas y valoradas son sus papas bonitas, con denominación de origen en 29 de sus variedades, así como su cochino negro y sus vinos blancos, fruto de una inconmensurable labor artesanal única en el mundo: el cordón múltiple trenzado, una técnica que acompaña a los viticultores de la zona desde hace siglos y que otorga a los vinos una singularidad especial.