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Moya es la “Villa Verde”, bañada por los vientos alisios y una humedad refrescante que ha permitido que se mantenga una de las reservas más importantes de bosque de laurisilva en la Isla, los Tilos. De la flor de este lugar se decía que su frondosidad era tal que los rayos del sol no llegaban a tocar la tierra. Asimismo, el municipio está encajado entre los cauces de dos barrancos que son muy visitados por los senderistas debido a la gran belleza de su recorrido y a que guardan variadas especies de flora y avifauna canaria, especialmente de lauráceas: Azuaje y “Barranco Oscuro”. Existen además otros motivos para disfrutar de este municipio: sus suspiros y sus bizcochos, una golosina que ha dado lugar a una importante industria de repostería.

Al igual que los demás municipios por los que se extendía el bosque de Doramas, en la Villa todavía podemos encontrar algunos artesanos que han heredado las técnicas para trabajar la madera, así como elaboradores de instrumentos musicales, cesterías de caña y pírgano, además de las labores de bordado y calados típicos canarios.

En esta villa nació en 1884 el poeta modernista Tomás Morales, cuya vivienda, construcción típica levantada en el siglo XIX, fue inaugurada como museo en 1976, albergando la figura del poeta reproducida por el escultor Victorio Macho y el pintor Cirilo Suárez. Asimismo, se ha constituido como Casa de la Poesía Insular Canaria.