LA ALDEA DE SAN NICOLÁS

La Aldea de San Nicolás, al oeste de la isla, cercada por acantilados y barrancos, conforma el municipio situado en el extremo más occidental de Gran Canaria; se alarga de Norte a Sur en una irregular franja de 139 kilómetros cuadrados, en la que viven unos 8.300 habitantes. Se trata de una unidad geomorfológica de gran belleza paisajística y de un extraordinario interés científico. Su medio físico ha condicionado sus actividades socio-económicas y ha influido en los procesos históricos que se han sucedido.

La línea costera de La Aldea se prolonga en unos 33 kilómetros de largo. Se trata de una costa considerablemente accidentada, alta, rocosa y con playas o pequeñas calas que se corresponden con las desembocaduras de barrancos o barranquillos. Esta disposición se debe a un complicado proceso de formaciones volcánicas. Su clima se caracteriza por la irregularidad y la escasez de lluvias, con temperaturas medianamente altas.

El cultivo del tomate es la principal actividad del municipio, que cuenta con uno de los barrancos que reciben más caudal de la isla, puesto que acoge el cauce de la cuenca de Tejeda donde se ubican varias de las presas de mayor capacidad de la isla. Estos parajes pueden ser visitados a lo largo de una espectacular ruta por carretera.

En La Aldea de San Nicolás concurren diferentes zonas protegidas, entre las que destacan el parque Rural del Roque Nublo, el Parque Natural de Tamadaba, la Reserva Natural Integral de Inagua y la Reserva Natural Especial de Güi-Güí, cuyas playas han cautivado a todos sus visitantes.

En el mes de septiembre se celebra la famosa Fiesta del Charco, cuyo origen se remonta a la época aborigen, en la que la gente se tira al gran charco, situado en la desembocadura del barranco de La Aldea.